Replicante

El poder de la palabra

Por Patricia Rosas*

Elena Garro a diez años de su muerte

Ahora que se acerca el décimo aniversario luctuoso de Elena Garro (11 de diciembre de 1916-22 de agosto de 1998) vale la pena rectificar algunos errores que se siguen repitiendo respecto de la autora de Los recuerdos del porvenir.

En Testimonios sobre Elena Garro (Castillo, 2002) publiqué una copia del acta de nacimiento de la escritora en donde se consigna que Garro nació en 1916 y no en 1920. Sin embargo, quienes sobre ella escriben siguen consignando el año equivocado. Otro error producto de la falta de investigación consiste en desinformar que Elena Garro pasó parte de su infancia en Chilpancingo, Guerrero, cuando en realidad fue en Iguala. Algunos insisten en ligarla al movimiento estudiantil cuando en El asesinato de Elena Garro (Porrúa, 2005) doy testimonio de que en realidad formó parte del movimiento madracista (por Carlos Alberto Madrazo), que en los años sesenta buscaba democratizar México y acabar con los fraudes electorales y la corrupción, y Garro no denunció a los intelectuales porque los que estaban ligados al movimiento estudiantil se denunciaron en sus manifiestos públicos mucho antes de la masacre del 2 de octubre. Así que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, a través del control que ejercía sobre la prensa y la televisión, hizo creer que Elena Garro había delatado a los intelectuales para en realidad eliminarla de la política, pues criticaba ferozmente los crímenes de los funcionarios y la falta de compromiso de los intelectuales ligados al erario a quienes ella denominaba “izquierdistas de café”. Y aún hay más, dicen que fue espía del gobierno cuando en realidad ella fue espiada por la tenebrosa Dirección Federal de Seguridad (DFS). Otros más dicen que murió el 23 de agosto, en lugar del 22, y otros más, que falleció en la Ciudad de México, cuando en realidad la autora de Un hogar sólido murió en Cuernavaca.

Y la lista se vuelve interminable porque los que escriben —sea en la prensa o para la academia— no quieren perder el tiempo en ir a las fuentes originales, ¿o será porque se trata de Elena Garro, la “loca”, “la paranoica”, “la mentirosa”, “la traidora”, etcétera?, ya está desprestigiada, qué más da si se dice o no la verdad sobre ella.

La negligencia que priva en nuestro medio desde luego es producto de la idiosincrasia de los periodistas, académicos, reseñistas o investigadores mexicanos —que también se sigue repitiendo y continúa incrustrada en la mentalidad de los que “informan” o “investigan”. Su falta de ética profesional, de escribir a la ligera, al ahí se va, sin recurrir a las fuentes originales, provoca que en las enciclopedias y en los diccionarios de autores continúen apareciendo inexactitudes respecto de la vida de Elena Garro. De esta manera, aunque no lo parezca, se sigue difundiendo una leyenda negra en contra de la autora, porque estas imprecisiones demuestran una completa falta de respeto hacia una de los escritores más importantes de la literatura mundial, pero que en México continúa ninguneada por los grupos en el poder.

La palabra escrita tiene un poder trascendental. Y los que escribimos debemos respetar ese poder investigando con seriedad y lealtad hacia los lectores.

Ya es tiempo de que mostremos un mínimo decoro profesional, y sobre todo, le demos el lugar que se merece al más grande escritor del siglo XX mexicano (preciso decirlo en masculino para abarcar a hombres y mujeres ante el sexismo que priva en nuestra lengua), y una de los escritores más relevantes de las letras universales: Elena Garro.

*Patricia Rosas Lopápátegui
E-mail: patricia@lopategui.com

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