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| CULTURA
Elena Garro abolió el teatro costumbrista, naturalista, es decir, el teatro aristotélico: Patricia Rosas Lopátegui Óscar López Y es que recientemente la biógrafa de la autora de Los recuerdos del porvenir, Patricia Rosas, visitó esta ciudad con el fin de presentar su más reciente libro, en el Jardín Borda, ahí habló de la importancia que representa Elena Garro en el teatro, de la miseria que padeció en Cuernavaca, de sus gatos, los recuerdos y sobre todo de valor que tiene ella en las letras mexicanas. Se trata de una obra en el que predomina una ardua investigación sobre la dramaturga poblana, según refiere en entrevista exclusiva a Sin Línea. -Patricia sabemos que tú has documentado paso a paso la vida y obra de Garro ¿Qué encontrará el lector en la nueva obra que acabas de recopilar me refiero a Yo quiero que haya mundo...? -En Yo quiero que haya mundo... hay muchas primicias para los lectores, entre otras, las crónicas, reseñas y notas que aparecieron en la prensa en 1957, cuando Elena Garro debutó como dramaturga en Poesía en Voz Alta. Estos textos nos hacen viajar a hace 50 años y vivir aquellos momentos en que Elena Garro es aplaudida por su originalidad creadora. También estos textos revelan las envidias y rencillas de los grupos en el poder, por ejemplo, cómo los enemigos de Poesía en Voz Alta se dieron a la tarea de desprestigiar su labor artística, a tal grado, que cuando llegan al cuarto programa, que era el de las obras de Elena Garro, Jaime García Terrés, a cargo de la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM, por estas presiones, se vio obligado a quitarles el apoyo económico, y cuentan que Juan Soriano se lanzó a la calle a pedir dinero |