LA PAZ DE ELENA


POR VIANETT MEDINA
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Identidad, suplemento cultural, domingo 14 de mayo de 2006, núm. 1721, Tijuana, BCN.

La publicación del libro El asesinato de Elena Garro de Patricia Rosas Lopátegui (Porrúa, 2005) resultó ser un alivio para la hija de Elena Garro y un merecido reconocimiento a su madre. Como una perforación en la pared del “ninguneo” en que se ha dejado a la periodista desaparecida en 1998. “Me pareció el mejor libro que se ha escrito sobre mi madre, Elena Garro. Por primera vez le dan su lugar a mi mamá. Le habían hecho homenajes, pero así, punto por punto, la primera en descubrirla es Patricia.”


Flagelada por un cáncer, la hija única de Elena Garro y Octavio Paz, desde su casa de Cuernavaca describe el olvido en que dice la tienen relegada las editoriales. “Yo también escribo, ¿sabes?”, pregunta Helena Paz con su melodiosa voz en entrevista vía telefónica. “El libro de Memorias se editó hace tres años. Ya se agotó. No me han pagado un centavo de las regalías. Un tiraje de 100 mil ejemplares”. Después del anticipo por derechos de autor, Helena se vio desprovista del apoyo no sólo por parte de las editoriales que publicaron su obra y la de su madre, sino también de la ayuda por parte de la Fundación Octavio Paz. Para Helena, la participación de Marie-Jo en la Fundación, viuda de Octavio Paz, es la causa no sólo de la falta de apoyo, sino del debilitamiento de la misma Fundación.
La presencia todavía incómoda de la sagunda esposa, la argelina-francesa a quien pertenecen los derechos de la obra de Octavio Paz, es motivo de discordia familiar. Mientras la salud de Helena se agrava: una endoscopía no practicada por falta de recursos ecónomicos y la deuda por una cirugía realizada en septiembre pasado, evocan la injusticia con que entregó a la ex esposa el legado de Paz: “...la herencia de mi abuela y de mi papá y no hay nadie en México que me socorra. ¿No es el colmo?”.
Helena explica que en sus Memorias (libro publicado por editorial Océano en 2003) realizó un ejercicio de crítica, dejando ver “el lado cómico de la tragedia”. Afirma no haber sido autocomplaciente al escribir. Tampoco condescendiente con su padre: “Ahí no pongo bien a mi papá y -no obstante- a los amigos de mi papá les han gustado mucho mis memorias”. Cita un ejemplo: “Guillermo Sheridan, quien fue nombrado por mi papá director de la Fundación Octavio Paz” entre otros quienes también valoran la obra de su madre. Otras Memorias no han dejado de escribirse. Helena Paz anuncia su incubación.

Atravesando la pared

La publicación del libro El asesinato de Elena Garro de Patricia Rosas Lopátegui (Porrúa, 2005) resultó ser un alivio para la hija de Elena Garro y un merecido reconocimiento a su madre. Como una perforación en la pared del “ninguneo” en que se ha dejado a la periodista desaparecida en 1998. “Me pareció el mejor libro que se ha escrito sobre mi madre, Elena Garro. Por primera vez le dan su lugar a mi mamá. Le habían hecho homenajes, pero así, punto por punto, la primera en descubrirla es Patricia”. Helena lo compara con otras obras sobre Garro y afirma que el libro es más profundo porque recupera con seriedad la memoria de su madre. “A la gente que vale siempre se le reconoce después de muerta. Este libro va abrir un agujero en la pared de incomprensión hacia mi madre.”
Desde la casa que Helena años antes compartió con su madre y ahora habita con un familiar, se advierte una historia marcada por la austeridad y el distanciamiento social. La aceptación del libro y de su autora, la investigadora Rosas Lopátegui, última agente literaria de Garro, supuso un acto de reconciliación: “Es un trabajo tremendo que ha hecho Patricia”. Al hablar de la particular lectura que hizo del libro, Helena parece incorporarlo a su espiritualidad: “Me dio mucho gusto. Era de noche cuando leí todo el libro”. El escritor Emmanuel Carballo se lo había recomendado poco después de haberse recuperado de la operación del 2005. “Soy muy católica. Hice un acto de mea culpa. Fui a hablarle a Patricia, felicitarla y pedirle una disculpa”.

La persecución política

El asesinato de Elena Garro narra el proceso por el que Garro fue llevada al exilio desde 1968 y luego la extinción de su nombre en el ámbito intelectual mexicano, más favorable a Octavio Paz y a su postura respecto a Elena. Como acompañante de su madre en los viajes, Helena, por su parte, amplía con otros datos el proceso de persecución que hizo el gobierno mexicano a la periodista exilada con la hija. “En Madrid nos quisieron matar”, confiesa sin atreverse a mencionar las pruebas. Sin embargo, en México había muchos escritores que estimaban a su madre, recuerda. El primer nombre en mencionar es Rosario Castellanos. Luego Lupita Dueñas y María Amparo Dávila, entre otros, de quienes comenta “No sé qué se han hecho”.
Helena confía en la irrupción de una nueva época que revalore la obra de su madre. “Veo un gran tiempo para mi mamá. (El libro) va a suscitar un movimiento a favor”. Dice que el ajuste de cuentas puede llegar como una moda, sin dudar que habrá personas inteligentes que en realidad reconozcan la grandeza de Elena Garro.